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En Roma, la admirada y querida capital del Imperio Romano, se construían todas las infraestructuras civiles que fuesen pertinentes, pues al ser el origen del Imperio, era el lugar primordial donde hacer ostentación de lo avanzado de la tecnología romana, y los lujos que los ciudadanos del Imperio disfrutaban. Los visitantes quedaban maravillados del poderío, de sus edificios, de sus servicios… y, por tanto, la ciudad se erigía en el elemento primordial de promoción del Imperio Romano.
En los territorios conquistados también se acometían la construcción de diferentes infraestructuras, que dotaban a las provincias de su «identidad romana», como anfiteatros, templos, etc. Sin embargo, hay un elemento vertebrador de la cultura romana que tenía un impacto directo en el bienestar de los ciudadanos del Imperio: el agua.
El fácil acceso al agua que permite su uso cotidiano supuso, sin duda, un cambio de paradigma en la mayoría de los territorios conquistados. El uso masivo del agua en fuentes, baños, termas, etc.. fue posible a través de la construcción de infraestructura no sólo para traer agua a las ciudades, sino también para desecharla de forma ordenada. Los acueductos son un ejemplo de lo primero, y las redes de alcantarillado y drenaje, de lo segundo. Comparando con las presumiblemente pobres infraestructuras hidráulicas previas a la llegada del Imperio Romano, los habitantes de los territorios conquistados debieron percibir una mejoría en su calidad de vida. La abundancia de agua corriente incrementaba la salud pública y reducía las enfermedades relacionadas con el agua estancada.

En efecto, el uso del agua y su canalización fue una de las herramientas más poderosas del Imperio Romano para consolidar su dominio sobre los territorios conquistados. Los romanos transformaron los territorios áridos o poco desarrollados en lugares mucho más habitables, usando el agua como herramienta para hacer más atractivas y funcionales las nuevas provincias del imperio, ganando la simpatía y cooperación de las poblaciones locales. Hacer las obras monumentales también tenía un efecto de propaganda al mostrar el poder y la grandeza de Roma.
El agua, en el contexto romano, tenía también un importante componente cultural. La creación de baños públicos, fuentes monumentales y termas no solo satisfacía una necesidad básica, sino que promovía la vida social, la higiene, y la integración cultural. Estos espacios eran lugares de encuentro, donde las personas no solo se bañaban, sino que conversaban, realizaban negocios, o participaban en actividades recreativas y religiosas. A través del agua Roma cambiaba también un modelo de vida que fomentaba la cohesión y lealtad hacia el Imperio.
Las fontanas monumentales, por tanto, dan respuesta a una arraigada tradición de Roma con unos efectos y propósitos más profundos que el mero suministro de agua potable. El agua está imbuida en la identidad de una ciudad construida alrededor del río Tíber.
Fontana de Trevi

La Fontana de Trevi fue encargada por el Papa Clemente XII en 1730, diseñada por el arquitecto Nicola Salvi en 1732 y finalizada en 1762 por Giuseppe Pannini. Esta majestuosa fuente barroca, de casi 50 metros de ancho, se encuentra en la Plaza de Trevi, y su nombre proviene de la palabra «tre vie» pues en la plaza desembocan tres calles.

En el centro de la fuente se erige la figura de Neptuno, el dios del mar, sobre un carro en forma de concha tirado por dos caballos marinos. Estos caballos, uno calmado y el otro agitado, representan los dos estados del mar: la calma y la tormenta. Neptuno, con su tridente en mano, es rodeado por varias figuras alegóricas, como Abundancia (que sostiene un cuerno de la abundancia) y la diosa de la Salud, quienes refuerzan el simbolismo de la fuente como una representación de la armonía entre el hombre y la naturaleza.

La fuente marca el punto final del Aqua Virgo, uno de los 11 acueductos que suministraban a Roma.
Un aspecto muy popular de la Fontana de Trevi es la tradición de lanzar una moneda en la fuente. Según la leyenda, lanzar una moneda con la mano derecha sobre el hombro izquierdo asegura que el visitante regresará a la ciudad eterna. Esta costumbre atrae a miles de turistas cada año, y se estima que, anualmente, se recogen varios miles de euros de la fuente, los cuales son donados a organizaciones benéficas.

Piazza Navona
La Piazza Navona es una de las plazas más hermosas y emblemáticas de Roma, famosa por su forma ovalada, que se debe a la estructura de un antiguo estadio romano construido en el siglo I d.C. bajo el emperador Domiciano.

Este estadio se utilizaba para competiciones deportivas y tenía una capacidad para más de 30,000 espectadores. Con el tiempo, el estadio fue desmantelado, pero la plaza mantuvo su forma original, convirtiéndose en un lugar de encuentro para los romanos.

Fontana dei Quattro Fiumi
En el centro de la Piazza Navona se encuentra la famosa Fontana dei Quattro Fiumi (Fuente de los Cuatro Ríos), una de las más impresionantes de Roma, diseñada por Gian Lorenzo Bernini en 1651. Esta fuente representa a los cuatro grandes ríos del mundo conocido en ese entonces: el Nilo (representado con la cabeza cubierta, pues se desconocía su fuente en ese entonces), el Danubio (con un brazo extendido hacia Europa), el Ganges (con una corona de flores y un barco) y el Río de la Plata (con la mano levantada en actitud de defensa).

Cada río está acompañado por un animal simbólico que refuerza la identidad del río representado: el león para el Nilo, el delfín para el Danubio, el dragón para el Ganges y el caballo para el Río de la Plata.

En el centro de la fuente se alza un obelisco egipcio de casi 17 metros de altura, originalmente erigido en Heliopolis, Egipto. Fue trasladado a Roma en el año 358 d.C. por el emperador Constancio II, quien lo colocó en el Circo de Majencio en la Vía Apia. Sin embargo, en 1651, durante el papado de Inocencio X el obelisco fue trasladado a su ubicación actual como centro del conjunto escultórico. El escudo papal está prominentemente representado en la base del obelisco.

Conlleva un fuerte simbolismo: el obelisco representaba la conexión entre el poder divino (asociado a Egipto y a los faraones) y el poder terrenal del Papa, quien lo utilizó para subrayar su influencia universal. Además, el obelisco está decorado con jeroglíficos que hacen referencia a las victorias de los antiguos faraones, y se ha convertido en un símbolo de la fusión entre la antigüedad egipcia y el renacimiento del arte romano en el Barroco.
La iglesia de Sant’Agnese in Agone (con su escudo papal bien visible), de arquitectura barroca, se ubica en un lateral de la plaza, añadiendo aún más elegancia al espacio.

Fontana del Nettuno
La Fontana del Nettuno (Fuente de Neptuno) se encuentra en el lado norte de la Piazza Navona. Fue diseñada por el arquitecto Giovanni Antonio Mari, aunque la parte escultórica fue completada por Antonio Della Bitta y Francesco Molinary en 1878, mucho después de que comenzara la construcción de la fuente en 1574.

La figura central de la fuente es Neptuno, el dios del mar, que se muestra en una postura dominante, sosteniendo un tridente mientras está rodeado por un grupo de tritones y criaturas marinas.

Fontana del Moro
La Fontana del Moro fue diseñada por el arquitecto Giovanni Fontana en 1575, aunque la escultura que la decora fue realizada posteriormente por Carlo Maderno y Bernini en el siglo XVII.

El elemento central de la fuente es una figura de un moro (un hombre de origen africano) que sostiene un delfín, mientras es rodeado por varios otros delfines y figuras acuáticas.

El moro, que es una de las imágenes más características de la fuente, simboliza el control del agua y la conexión de Roma con el Mediterráneo y el mundo oriental.


En 1653, Bernini intervino en la fuente incorporando los delfines, que se entrelazan en una disposición dramática alrededor del moro, aportando más dinamismo y una sensación de movimiento al conjunto.

Fontana della Barcaccia
La Fontana della Barcaccia, ubicada en la Piazza di Spagna frente a la famosa escalinata de Trinità dei Monti, es una de las fuentes más encantadoras y peculiares de Roma. Fue diseñada por el arquitecto Pietro Bernini, padre del célebre Gian Lorenzo Bernini, y completada en 1627.

Su diseño se inspira en una barca semihundida, una referencia a una inundación histórica que ocurrió en Roma en 1598, cuando el río Tíber se desbordó y dejó una barca varada en la plaza. La barca, de mármol, tiene un par de figuras de agua que emergen desde sus bordes, dando la ilusión de que el agua fluye desde la barca hacia la plaza.

Fontana delle Tartarughe
La Fontana delle Tartarughe (Fuente de las Tortugas) es una pequeña pero fascinante obra de arte ubicada en la Piazza Mattei, en el corazón del antiguo barrio judío de Roma. Esta fuente fue diseñada por el arquitecto Giovanni del Della Porta en 1581, y su nombre proviene de las cuatro figuras de tortugas que adornan la fuente, colocadas en el borde de la estructura en el siglo XVIII por el escultor Antonio della Bitta.

Se dice que las tortugas de la fuente, colocadas en el borde en una postura casi juguetona, fueron diseñadas para dar la impresión de que las criaturas marinas estaban a punto de saltar al agua, creando un efecto de dinamismo a pesar de su tamaño relativamente pequeño.
Fontana di Piazza della Rotonda
Inmediatamente después de la restauración del acueducto Aqua Virgo, finalizada en 1570, se iniciaron las obras de un ramal subterráneo secundario del conducto, para llegar a la zona del antiguo Campo de Marte, una de las zonas más densamente pobladas de Roma. Giacomo Della Porta proyectó también en 1575 la fuente de la Piazza della Rotonda, cuya realización escultórica se confió a Leonardo Sormani.

En 1711, el papa Clemente XI ordenó una restauración radical de la fuente: se suprimió la pila y se sustituyó por un conjunto de rocas y delfines que sostenían un pequeño obelisco egipcio de la época de Ramsés II -de aproximadamente 5,5 metros de altura-.

El Panteón de Agripa, posiblemente el mejor edificio de la antigüedad
El Panteón de Agripa es un majestuoso templo dedicado a todos los dioses del panteón romano. Su construcción original fue encargada por el general y político Marco Agripa en el año 27 a.C. como parte de un ambicioso proyecto para embellecer la ciudad. Sin embargo, el Panteón que conocemos hoy en día fue reconstruido entre 118 y 125 d.C. durante el reinado del emperador Adriano, después de que el edificio original fuera destruido por un incendio. El propio Adriano decidió conceder el crédito del edificio en la inscripción del pórtico: M·AGRIPPA·L·F·COS·TERTIVM·FECIT (Hecho por Marco Agrippa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez).

En la parte frontal del panteón existe un pórtico de 16 columnas corintias de mármol egipcio de 13.5 m., dispuestas en dos filas. Las columnas del frente son 8 columnas monolíticas, mientras que las otras 8 forman una fila interior, creando una estructura que se extiende en una forma rectangular

La forma corintia de las columnas, caracterizada por sus elegantes capiteles adornados con hojas de acanto, es un elemento distintivo del la Roma imperial. El pórtico tiene una fachada trapezoidal, que contribuye a la simetría general del Panteón. La disposición de las columnas no solo busca dar una sensación de armonía y orden, sino que también sirve como transición entre el exterior del templo y el vasto espacio circular de la planta interior.

El interior del Panteón está organizado para que, al ingresar, el visitante sienta que se encuentra en una esfera infinita. La perfecta simetría entre la planta circular y la cúpula, junto con la disposición radiante de las columnas, crean un espacio que parece expandirse hacia el infinito.

Esta sensación de inmensidad está reforzada por la ausencia de columnas o barreras dentro del espacio, lo que permite una visión clara y abierta de la cúpula, creando una sensación de totalidad.

La cúpula del Panteón que cubre la nave cilíndrica tiene un diámetro de 43,3 metros, lo que coincide exactamente con la altura desde el suelo hasta el centro del óculo en la parte superior de la cúpula. Esta relación crea una semiesfera perfecta representando el cielo, que se extiende hacia el espacio interior,

¿Y por qué hay arquitectos que dicen que el Panteón es el mejor edificio de la antigüedad? -al menos, de los que se conservan-. Es cierto que cada uno tendrá sus gustos, y habrá quienes aboguen por el Zigurat de Ur (más de 4000 años a la espalda) o las Pirámides de Egipto (~ 2600 años). Sin embargo, otras grandes construcciones de la antigüedad ya no están de pie, como el Templo de Artemisa o la Biblioteca de Alejandría, por ejemplo. O el Partenón, que está hecho unos zorros.
Pues dicen que lo es por sus singularidades arquitectónicas, los materiales usados y las novedosas soluciones de ingeniería que se desarrollaron en su construcción. Exempli gratia, toda la estructura está hecha de hormigón, y para disminuir riesgos de colapso de la cúpula, la sección transversal de la misma se va haciendo más estrecha según se va aumentando en altura. Es decir, el grosor de la cúpula es mayor en la base y llega al mínimo en el óculo. Pero es más, los trapecios que parecen excavados en la cara interior no sólo son ornamentales, sino que también cumplen una función de aligerar el peso total que ha de volar sobre la nave. Así, sin refuerzos, la cúpula puede aguantar su propio peso, lo cual es en sí mismo asombroso.

La clave aquí es la distribución del peso a lo largo de la estructura de la cúpula, que se apoya en las paredes externas del edificio. Aunque el hormigón no es armado (es decir, no tiene las estructuras de ferralla en su interior) por supuesto al fraguar genera una estructura única, sin separación. Así, todo el Panteón es en realidad un único cuerpo, por lo que es la mayor edificación de hormigón por masa del mundo.

El óculo tiene un diámetro de 9 metros y es el único punto de entrada de luz natural al edificio. Su función no es solo iluminar el interior, sino que también tiene un profundo simbolismo cósmico. Durante el solsticio de verano, la luz del sol entra directamente a través del óculo e ilumina la entrada del edificio. Esta alineación celestial muestra la habilidad de los arquitectos romanos para integrar el movimiento del sol y otros elementos astronómicos en sus diseños. Además, sin el óculo, la estructura tendría que haber sido reforzada de otra manera para soportar el peso de la cúpula, lo que habría complicado el diseño y posiblemente reducido la elegancia del edificio.

A través del óculo no sólo entra la luz, sino también el agua. La lluvia. Las tormentas. Todo el interior del edificio está expuesto a través de ese orificio en la cúspide. Pero el suelo del edificio -y también la cúpula- está diseñado para canalizar y drenar el agua que entra. A través de una serie de canales de drenaje ocultos , el agua es dirigida hacia el exterior del edificio. Así, el Panteón establece un diálogo eterno con la luz y el agua a través de su óculo sin perturbarse por ello.
En su majestuosidad, el Panteón también es el lugar de descanso de varias figuras importantes, incluidos Vittorio Emanuele II, el primer rey de Italia, y Rafael Sanzio, el pintor renacentista.

Hay gente que dice que si sólo pudieras ver un edificio en Roma, deberías elegir el Panteón. En verdad, resulta impresionante.